Tras el éxito de
Peinate que viene gente, José Playo se despachó con un
particular relato en el que, a mi modestísimo entender, se traza una de las metáforas más elocuentes de cómo las viejas generaciones sucumben ante "el viento que todo empuja" (dixit, Gustavo Nápoli). Lo que no me queda claro es saber si, en este caso, el cambio fue para bien o mal.