
Alfonsín ganaba las esperadas elecciones del 83. Para ganarle a los peronistas (siempre divididos ellos), le pidió a Gabriel Dreyfuss, creativo de esa campaña, que le haga una campaña "bien peronista". Entonces, Alfonso ("un tipo muy bueno, muy agradable", según Dreyfuss) se dedicó a hablarle a la mujer del obrero peronista, que convenció al marido de votar a Alfonsín.
Anécdota contada por el propio publicista a Mirá lo que trajo el gato, por Power 102.3
25 años después, con todos sus defectos y virtudes, seguimos teniendo democracia. No es la mejor, pero es la que tenemos. Paradójicamente, la segunda generación democrática (los que nacieron en los 90), que tendría que estar fortalecida y empapada en el asunto, está más preocupada por los celulares y los sms.

"No es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero"